Historia de la ingeniería en Venezuela


En 1841 Cagigal deja la dirección por enfermedad y le sustituye Olegario Meneses, uno de los primeros egresados de 1837, bajo cuya gestión se mantiene por un tiempo el impulso que su fundador había dado a la Academia. Sin embargo, para fines de la década de 1840, los reportes de funcionamiento anotan múltiples dificultades, que se reflejan en repetidos ceses de actividades y largos períodos sin que haya egresados de la institución. De hecho, aunque la Academia de Matemáticas oficialmente funcionó de 1831 a 1872, sólo tuvo 17 promociones con un total de 97 egresados, en su mayoría dedicados por entero al ejercicio de las armas, con poca o ninguna actividad específicamente ingenieril. Esto en buena medida porque en la Venezuela de mediados del S. XIX los conflictos político-militares inhiben o liquidan las escasas posibilidades que se presentaban para la acción civil y constructiva. Pese a tal panorama, hay algunos hechos y procesos que debemos rescatar en ese período. En 1861 (y de ello celebramos 150 años en este 2011) se funda el Colegio de Ingenieros de Venezuela, cuerpo dependiente del Ministerio de Guerra pero que pronto comienza a ser integrado por más civiles y a interesarse de modo creciente por asuntos ajenos a lo castrense, como se evidencia en publicaciones, eventos y acciones que promueve. De paso anotemos que uno de sus fundadores, Alejandro Ibarra, era un egresado de la Academia de Matemáticas que se dedicó a la docencia universitaria y llegó a ser el primer ingeniero Rector de la UCV en 1870.
Llegando a los últimos años del siglo XIX, el ejercicio como rectores de la UCV por otros dos ingenieros, Jesús Muñoz Tébar en 1887 (volvería al cargo de 1906 a 1908) y Alberto Smith de 1897 a 1899, indica el reconocimiento que hay en la universidad hacia la profesión, su enseñanza y quienes la ejercen. No deja de hacerse presente una perspectiva crítica, expuesta en un trabajo que publica en 1895 el distinguido ingeniero y docente Felipe Aguerrevere, texto pionero en el análisis de la enseñanza de la ingeniería en Venezuela, cuyas observaciones sobre la necesidad de resolver carencias en la formación práctica conservan hoy agudeza y vigencia. Mencionemos también que el cese de las condiciones un tanto más favorables de años anteriores se refleja en una apreciable disminución de los egresados en ingeniería (y la nueva opción afín de arquitectura) después de 1893. Adicionalmente, hay un hecho para recordar: en 1899 reciben en la UCV el grado de agrimensores las hermanas Delfina, Adriana y Dolores Duarte, quienes aún cuando no cursaron la carrera en las aulas, presentaron y fueron reconocidas en las pruebas que confirmaron su capacidad profesional, siendo las primeras mujeres con título universitario obtenido en este país.
En los primeros años del gomecismo, mientras el régimen se consolidaba, hubo cierto ambiente más abierto en la UCV, como muestra la creación del Centro de Estudiantes de Ingeniería en 1911 (¡un Centenario que ojalá no pase desapercibido en esta Facultad!). Pero en cuanto pudo el gobierno apretó las tuercas y en 1912 clausura la Universidad Central hasta 1922. De aquel sombrío evento, retengamos para la memoria institucional la digna actitud que mantuvo el Ing. Alberto Smith, de nuevo en el rectorado ucevista, quien en castigo debió ir al destierro hasta la muerte del dictador. Para disimular los efectos de esa medida montaraz de cierre, se crea la Escuela de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Caracas (fundada en 1916), que reagrupa a estudiantes y profesores de la suspendida UCV y de la cual egresan 14 ingenieros y 1 arquitecto hasta 1922.
La situación abierta tras la muerte de Gómez se manifiesta en lo referido a la enseñanza de la ingeniería, haciendo más claro y decidido el estímulo al cambio y modernización. En 1936 la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas de la ULA es elevada a Facultad, teniendo sus primeros egresados al año siguiente; en 1937 se inician los estudios de ingeniería agronómica en el país con la apertura de la Escuela Superior de Agricultura y Zootecnia (ESAZ) dependiente del MAC, organismo que el año anterior había becado al exterior a 19 estudiantes del ramo; esta Escuela pasará a la UCV en 1946, originando la actual Facultad de Agronomía. En 1938 nace el Instituto de Geología, adscrito a los Ministerios de Fomento y de Educación, destinado a formar geólogos y que se integra a la UCV dos años más tarde, con su primera promoción en 1942. El proceso modernizador cuenta con sanción e impulso jurídico gracias a la Ley de Educación promulgada en 1940, y encontraremos que entre 1936 y 1940 hay 150 nuevos ingenieros graduados en el país, incluyendo a las primeras promociones de la Universidad de los Andes.
En 1946 hay un nuevo Estatuto Orgánico de las Universidades Nacionales. No se otorga más la categoría de Doctor a los egresados del pregrado y renace la Universidad del Zulia (LUZ), que en su oferta académica incluye a la Ingeniería Civil. En la UCV, la ahora denominada Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas se constituye en 3 Escuelas: Arquitectura, Ciencias e Ingeniería, esta última manteniendo departamentos y opciones previas, excepto Química Industrial. Los 465 estudiantes de Ingeniería son los primeros en mudarse de la sede anterior en el centro de Caracas a la Ciudad Universitaria entonces en construcción; allí se abrirá en 1947, con amplio respaldo del Ministerio de Fomento, la opción de Ingeniería Eléctrica. Por su parte la ULA en 1948 crea la Escuela, luego Facultad (en 1952), de Ciencias Forestales, que forma ingenieros forestales. También en esa universidad se establece el Laboratorio de Hidráulica, más tarde Centro de Hidráulica, primer espacio de investigación ingenieril en el ámbito universitario nacional. Será seguido en 1949 por el Laboratorio de Ensayo de Materiales de la UCV, cuyo principal promotor fue el Dr. Ramón Espinal. Añadiremos que en 1948 se gradúan en la Universidad Central los primeros ingenieros petroleros y mecánicos con estudios en el país.
1958, año de señalada significación política nacional, lo es también para la educación universitaria y la educación ingenieril. Hay nueva Ley de Ejercicio de la Ingeniería y Profesiones Afines, junto con nueva Ley de Universidades que recupera la gratuidad (cercenada en la Ley de 1953), establece la autonomía y, en general, implica avances modernizantes y democratizadores, en un clima de apertura social y expectativas positivas hacia la universidad que se traducen en una gran expansión de la matrícula estudiantil. Vuelve a la UCV ingeniería de petróleo, y egresan de aquí los primeros ingenieros metalúrgicos formados en el país. Con la Universidad de Carabobo, que ofrece Ingeniería Industrial, reaparecen en Valencia los estudios profesionales superiores.
Con la motivación que por un lado venía como herencia del torbellino de la Renovación, y por el otro de quienes desde el poder enfrentaron al reto que ese movimiento supuso, la década de 1970 va a ser época de procurar visiones y acciones novedosas en materia de enseñanza de la ingeniería. Así, vemos como se promueve a la Universidad Simón Bolívar (USB), que desde su nacimiento y hasta hoy se identifica de modo muy fuerte como “universidad de ingeniería”, alternativa tanto frente a lo que se calificaba de “extremismo” de la Renovación como ante la universidad tradicional. La contraparte crítica ha ripostado insistiendo, por mencionar algunos argumentos destacados, en que el modelo USB trae un cierto retorno al elitismo social que la universidad pública venezolana venía dejando atrás desde los años 50, que la USB no logra superar perceptiblemente en lo académico a universidades de larga data como la UCV y la ULA, y que no ha podido conectarse o responder a demandas y expectativas que habría desde el grueso de la colectividad nacional, ni siquiera acercándose a lo que en materia de extensión hacen las universidades tradicionales. En todo caso, el interés en confrontar visiones sobre el tema se expresó, por ejemplo, con el I Congreso de Enseñanza de la Ingeniería en 1975.
Hay en los años 80 esfuerzos de distintas instituciones (como la UCV y algunas otras universidades públicas) por atender a la calidad de la educación en ingeniería y empieza a trabajarse en afrontar los problemas del rendimiento estudiantil, de la competencia pedagógica de los docentes y de la admisión de nuevos alumnos. Vinculado con esto, tenemos iniciativas para desarrollar las capacidades universitarias en postgrado y en investigación: en 1981 aparece la Revista Latinoamericana de Metalurgia y Materiales en la USB, primera publicación nacional arbitrada e indexada del área ingenieril, a la que siguen en 1985 la Revista de la Facultad de Ingeniería de la UCV y en 1988 la Revista Técnica de la FI-LUZ; en 1982 La UCV, la USB y el IVIC acuerdan un proyecto de cooperación de estudios para graduados, con la meta de otorgar el Doctorado en Ciencias, Mención Ingeniería Estructural, posibilidad inaugural de estudios a nivel doctoral dentro del área en Venezuela; mientras que el resultado del primer Programa de Promoción del Investigador (PPI-CONICIT) en 1990 certifica 88 investigadores reconocidos en ingeniería y afines (11,9% del total de acreditados).
Para 1997, hay en pregrado de ingeniería más de 70.000 estudiantes de 35 especialidades en 32 centros de educación superior (18 públicos y 14 privados); semejante proliferación trae sus problemas, como el litigio judicial que se inicia ese año cuando el CIV se niega a aceptar los títulos que da el Instituto Universitario Politécnico Santiago Mariño (privado). En 1998, el PPI-CONICIT reconocía a 236 investigadores en ingeniería y afines, 15,3% del total acreditado; mientras cifras oficiales recogen que el 22,25 % de quienes laboran desarrollando ciencia y tecnología tienen título en ingeniería y afines (6.829 personas); no obstante, ya existía el reto de mantener en el país, y en sus instituciones académicas, a una fracción creciente del personal mejor calificado que emigra al exterior o se ve tentado a ello.
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